Escribir es un acto que se realiza en la soledad más absoluta. Cuando un escritor está pensando, creando o corrigiendo su obra, siempre está solo. Eso es así por pura necesidad, porque nadie puede concentrarse si tiene a alguien al lado que pueda entretenerlo. El problema viene después, cuando la obra está escrita y el escritor se sigue sintiendo solo. 🙄
La promoción de una obra literaria para un escritor desconocido, como es mi caso, es una ardua tarea que se realiza en la soledad más absoluta. Casi nadie suele apoyarte, excepto esos muy buenos amigos que todos tenemos, algunos de los cuales ni siquiera sabías que tenías. Cuando vas a un pueblo, a una asociación de vecinos o a una biblioteca pública normalmente acude muy poca gente a ver que puedes ofrecerles. Todo el mundo está muy ocupado o no muestra el suficiente interés para acudir a escuchar lo que tenga que contarles un creador literario.
Yo he sentido los dos extremos de esa situación. Me he sentido muy arropado por mis amigos en la Asociación de Vecinos de La Cava- Fardachón, o, por gente a la que no conocía de nada, en la presentación en Belchite; pero también me he sentido muy solo en la que acabo de hacer en la biblioteca pública de Lardero o en la anterior de Aguilar del Río Alhama.
Hoy, tan solo 2 mujeres, grandes lectoras, 2 fieles amigos y el responsable de la biblioteca han estado escuchándome, (también ha pasado otro amigo a saludarme). Esa soledad no me ha hecho cambiar lo que tenía que decir, porque yo cuento lo que tengo que contar haya 5 o 100 personas.
Es una pena que la cultura levante tan pocas pasiones en la gente. Parece que solo nos interesan las cosas superfluas y fatuas que nos roban el tiempo de las verdaderamente importantes.
Quiero dar las gracias por la acogida a Jaime, responsable de la biblioteca, a esas dos mujeres lectoras y a mis amigos Javier, David y Edin. Ha sido un placer contaros cosas sobre mi creación literaria y sobre historia. De corazón, muchas gracias por haber estado ahí. ❤️